El sempiterno ex dirigente del Sutrapech, Javier Cribillero Gamboa, volvió a escena y no precisamente para aplaudir. Con el tono directo que lo caracteriza, se pronunció sobre la denuncia difundida en redes por el periodista Ángel Gordillo Carre respecto al presunto cobro de remuneraciones de alto nivel por parte de la gerenta general de Chinecas, Anamelba Salas, y su asesora.
Cribillero no se anda con rodeos: “nadie sabe para quién trabaja”. Y lo suelta con ese sabor amargo de quien siente que el esfuerzo de años terminó beneficiando a otros. Según señala, los trabajadores históricos lucharon por más de 25 años para romper el congelamiento salarial y lograr una nueva escala, pensada para quienes estaban relegados con sueldos miserables. Pero, en la práctica, dice, la historia se torció.
“Nosotros hicimos el gasto, nosotros dimos la pelea… y ahora los beneficiados son los nuevos contratados y algunos foráneos que ni saben dónde están parados”, cuestiona. La indignación crece cuando menciona la presunta clasificación como P-4, con haberes cercanos a los S/ 9,800 mensuales, en medio de una realidad donde trabajadores con 10 o 15 años de experiencia siguen postergados o mal ubicados en la escala.
Para el ex dirigente, el problema no es solo el monto, sino el fondo: “parece que creen que Chinecas es su chacra”, lanza, apuntando a una sobrepoblación de personal que considera innecesaria y a decisiones que, según él, favorecen intereses particulares antes que el bien común.
Y en medio de todo, deja una pregunta flotando, incómoda, de esas que nadie quiere responder en voz alta: “¿qué dice el Directorio?, ¿por qué calla?”. Tampoco se olvida de las autoridades regionales, al consejero provincial y al propio gobernador de Áncash, a quienes exige una investigación seria que no termine, como tantas veces, en nada.
Cribillero lo resume sin adornos: si la denuncia es cierta, no solo es rechazable, es indignante. Y advierte que estarán vigilantes para que el caso no caiga en saco roto.
Otra vez el mismo libreto: unos pelean, otros cobran, y el silencio institucional hace de banda sonora. En Chinecas, al parecer, el reparto no está siendo precisamente equitativo.



