La Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) acaba de anunciar una inversión superior a los S/ 487 millones para ejecutar tres importantes carreteras en la región La Libertad. Son obras que beneficiarán a más de 220 mil ciudadanos y que buscan mejorar la conectividad, impulsar el comercio y generar nuevas oportunidades de desarrollo.
La noticia, sin duda, es positiva para La Libertad. Allí existe una agenda regional que logra colocar proyectos en la prioridad nacional y empujar inversiones de gran envergadura.
Sin embargo, esta realidad contrasta dolorosamente con lo que ocurre en Áncash.
En nuestra región, los problemas del río Lacramarca, las obras pendientes en Huarmey y otras intervenciones de prevención y protección frente a desastres permanecen prácticamente abandonadas. Lo más preocupante es que, la semana pasada, la propia ANIN señaló que estas obras iniciadas y los problemas pendientes en estos sectores ni siquiera están en su radar institucional.
La situación resulta alarmante porque, además, no existe un solo presupuesto asignado para atender estas zonas consideradas de alto riesgo para miles de familias de Chimbote, Nuevo Chimbote y Huarmey. Son poblaciones vulnerables que continúan esperando respuestas mientras cada temporada de lluvias revive la incertidumbre y el temor.
La comparación es inevitable. Mientras otras regiones avanzan y consiguen importantes inversiones para su desarrollo, Áncash sigue sin lograr que sus obras prioritarias ingresen a la agenda nacional. La percepción ciudadana es que ha faltado liderazgo y capacidad de gestión para defender los intereses regionales y exigir la atención que merecen los sectores más vulnerables.
Porque una cosa es inaugurar anuncios y otra muy distinta es mirar a las familias que viven junto al río Lacramarca o en las zonas expuestas de Huarmey y decirles que sus obras no están siquiera consideradas dentro de las prioridades del Estado.
Esa es la penosa realidad de Áncash: mientras en otras regiones las carreteras avanzan, aquí la prevención sigue esperando y miles de ciudadanos permanecen expuestos ante una amenaza que no desaparece simplemente porque haya dejado de estar en el radar de las autoridades.



