Ayer quedó clarísimo por qué algunos candidatos a IRCHIM brincaban de gusto con la idea de que no haya debate. Y no porque les falte tiempo, sino porque les sobra miedo. Vale la pena explicarlo sin anestesia, para que todos entiendan el fondo del asunto.
En Santa y en IRCHIM estamos viendo el mismo patrón repetido por enésima vez: trabajadores buscándose candidatos a la medida, los mismos rostros de siempre jalando hilos tras bambalinas, y una estructura que se aferra a su zona de confort como si fuera herencia familiar.
¿Por qué pasa esto? Porque les aterra que entre gente nueva. Así de simple.
Los dirigentes actuales llegan con una ventaja injusta: ya son conocidos. Sus aciertos y sus metidas de pata están en vitrina, pero por lo menos existen en la memoria colectiva. Los nuevos, en cambio, llegan sin fama, sin propaganda y sin padrinos. Y esa es la gran pesadilla de quienes quieren mantener todo igualito.
El problema de fondo es otro: muchos dirigentes saben que están desprestigiados. Lo escuchamos en cada campo, en cada comité, en cada bocina humana que opina a media voz. Pero, al final, el voto tiene ese extraño poder de volverse impredecible, negociable, conveniente. Y ahí es donde las listas múltiples se vuelven su mejor negocio: con más listas, ellos ganan con menos votos. No es arte, es matemática de supervivencia.
Hay otro detalle que huele peor que bodega sin ventilación: trabajadores de las juntas reclutando candidatos en horario laboral, usando vehículos institucionales, funcionarios sacando “informes sorpresa” como magos baratos y moviendo expedientes para tumbarse a quien pueda romper la monotonía. Y si aparece una lista nueva, una que realmente pueda crecer, tranquilos: ya tienen el cajón lleno de “trapitos” listos para lanzarlos según convenga.
Mientras tanto, algunos agricultores fueron inhabilitados sin mucha explicación, lo que deja el camino servido para los de siempre: Romel, Linder, Agustín, Málaga, Girón, Rupay, Castañeda. Los eternos “con posibilidades”. Las piezas intercambiables de un tablero que no cambia.
Entonces, ¿vamos a tener elecciones competitivas? No.
Vamos a tener el mismo libreto de siempre, con algunas caras rotando como fichas recicladas.
El cambio real depende de los que no se venden, de los que ya están cansados de la mediocridad que se ha instalado en nuestras organizaciones.
Si de verdad queremos un giro, es ahora. Si no, seguiremos viendo cómo los mismos de siempre administran los mismos beneficios, con los mismos vicios, para los mismos círculos.
Está en manos de los no vendibles.
(MAP)



