El impacto de las sequías no es exclusivo del Perú: es un fenómeno continental. Así lo advierte un investigador que recuerda cómo en los últimos cinco meses, gran parte de Sudamérica —incluyendo Uruguay, Brasil, Colombia y la Amazonía— enfrenta una severa escasez de agua.
Uruguay sufrió su peor sequía en 74 años; Colombia vive una oleada de incendios forestales; y se estima que hacia el 2070, las sequías extremas pondrán en jaque a toda la selva amazónica, provocando erosión, pérdida de vegetación y desaparición de especies.
El panorama mundial no es mejor: Europa tuvo en 2022 su peor sequía en 500 años y 25 países viven hoy estrés hídrico extremo. La ONU advirtió que si la temperatura global sube 3 °C, al menos 170 millones de personas sufrirán sequías severas.
En Perú, el problema no solo es climático: la falta de prevención, la corrupción y la burocracia agravan la crisis. Pese a contar con recursos, se ha ejecutado menos del 10% del presupuesto para mitigar el riesgo. La solución, según el investigador Yarlequé, podría estar en retomar prácticas ancestrales como las “qochas”, “wari-wari” o “amunas”, tecnologías hidráulicas prehispánicas que gestionan y preservan el agua de manera sostenible.
El reto ya no es solo resistir El Niño. Se avecina La Niña. Y mientras el clima se endurece, el país necesita actuar. Ya.



