En la ciudad de Chimbote la paciencia de los padres de familia del colegio Inmaculada de la Merced ya se agotó. Y no es para menos: más de 1600 estudiantes siguen sin regresar a clases presenciales, mientras las promesas de las autoridades regionales parecen haberse quedado archivadas en algún escritorio.
Cansados de esperar, padres y docentes realizaron una protesta frente a la Subregión Pacífico exigiendo lo que en teoría debería ser lo más básico del mundo: un lugar donde sus hijos puedan estudiar.
Las críticas apuntan directamente al gobernador regional Fabián Noriega Brito, conocido como Koki Noriega, quien había anunciado que los estudiantes regresarían a clases en un local de contingencia.
El problema es que, por ahora, el local existe más en el discurso que en la realidad.
La vicegobernadora Angelie Epifanía también había asegurado que el retorno presencial sería posible. Pero en la práctica los alumnos de primero a quinto de secundaria siguen conectándose a clases virtuales… cuando el internet lo permite.
Porque esa es otra parte del problema: muchos estudiantes ni siquiera tienen buena conexión o equipos adecuados, lo que convierte la educación virtual en una carrera cuesta arriba.
Mientras tanto, la obra del colegio sigue sin avances visibles y los padres advierten que las protestas continuarán hasta que alguien deje de publicar promesas y empiece a mostrar soluciones.
Al final la escena es simple:
los estudiantes quieren aulas,
los padres quieren respuestas,
y las autoridades… bueno, hasta ahora solo han entregado plazos que se estiran más que cuaderno nuevo en primer día de clases.




