El abandono de los trabajos en el río Lacramarca por parte de la empresa OHL ya no es un rumor de pasillo ni un “dicen que”. Quedó plenamente confirmado tras las declaraciones claras y sin rodeos de Rildo Loyola Minaya y Martha Palomino, quienes en el programa Agricultura en Marcha advirtieron sobre el grave peligro que hoy representa el estado en que fue dejado el cauce del río.
Y no se trata de exageraciones. Los materiales de obra permanecen abandonados en pleno centro del canto rodado del río, tal como se aprecia en las fotografías a las que tuvo acceso el programa. Imágenes que no mienten y que, para cualquiera con dos ojos y algo de sentido común, confirman lo que los moradores de la zona vienen viendo todos los días, desde hace años.
Porque esto no es de ahora. No es de ayer. No es por temporada de lluvias. Cada día, cada hora, los vecinos son testigos mudos de un río intervenido a medias, con rocas y estructuras inconclusas que hoy funcionan más como trampas que como defensas. Pero claro, el problema nunca fue la falta de testigos. El problema siempre fue la apatía institucional.
La Junta de Usuarios Irchim, operador menor, y el Proyecto Especial Chinecas, brillan por su ausencia. Entidades que deberían ser “rectoras” en temas de agua, drenes, afectaciones y riesgo a predios agrícolas, no han dicho ni esta boca es mía. Silencio total. Como si el río no existiera, como si las chacras no estuvieran ahí, como si el riesgo fuera imaginario.
Y no, no es que no sepan. Es que no les importa. Los “convencibles”, los que ven el problema todos los días en sus narices, prefieren no comprarse el pleito. Porque levantar una observación implica responsabilidad. Sancionar implica incomodar. Y aquí parece que la comodidad pudo más que la seguridad.
Lo más grave es que esta condición de rocas abandonadas y obras inconclusas no es nueva. Lleva años. Años sin informes, sin advertencias formales, sin un solo lápiz gastado en un documento que diga “esto es un riesgo”. ¿Autoridad Local de Agua? Bien, gracias. ¿Algún ente rector? Tampoco. Todo es vendible, negociable, y de eso hay por montón.
Así, lo único que queda es rogarle a papá lindo que el caudal no aumente, que la naturaleza no se manifieste con más fuerza. Porque si el río crece, vamos a quedar bailando al ritmo del rip rap, como siempre lo dijimos, mientras después todos se preguntan qué pasó y por qué nadie avisó.
La diferencia es que esta vez sí se avisó. Se dijo en radio, se mostró en fotos, se gritó desde la comunidad. Que algunos recién abran la boca ahora no borra los años de silencio ni la irresponsabilidad acumulada. El río Lacramarca no necesita más discursos. Necesita acción. Y la necesita antes de que el agua vuelva a recordarles, a todos, que no entiende de excusas.





