La historia parece repetirse una vez más en el río Santa. Mientras Agro Rural y las autoridades de La Libertad anuncian con entusiasmo las labores de descolmatación en el caserío Tanguche, distrito de Chao, beneficiando a más de 230 productores agrarios de la región vecina, en el Valle Viejo de Áncash crece la preocupación, la indignación y, sobre todo, la sensación de abandono.
Los agricultores ancashinos, desde Vinzos hasta Santa, observan cómo se ejecutan intervenciones sobre el cauce del río sin que exista una defensa firme de sus intereses ni una explicación técnica que despeje las dudas sobre las posibles consecuencias aguas abajo. La pregunta que muchos se hacen es inevitable: ¿quién está defendiendo al Valle Viejo?
La aparente orfandad dirigencial resulta tan preocupante como el propio proyecto. Mientras unos celebran y se toman la foto de rigor, miles de productores ancashinos sienten que nadie levanta la voz ante una intervención que podría alterar el comportamiento del río Santa en caso de lluvias intensas o un incremento significativo de su caudal.
El mensaje parece ser: “Aquí no pasa nada”. Todo está bajo control. Todo es progreso. Todo es beneficio. Pero la naturaleza tiene la mala costumbre de no leer comunicados de prensa ni participar en ceremonias de inauguración.
Si las lluvias se intensifican y el río cambia su dinámica, quienes podrían pagar las consecuencias son precisamente los agricultores del Valle Viejo, aquellos que nuevamente parecen quedar relegados a un segundo plano. Dios los coja confesados si el río Santa decide recordar que sus aguas no entienden de límites políticos ni de celebraciones oficiales.
La agricultura ancashina merece respuestas, estudios transparentes y autoridades que actúen con responsabilidad. Porque cuando el río se desborda, las fotografías de los festejos desaparecen rápidamente, pero las pérdidas de los agricultores permanecen durante años.



