Cuando la gestión entra en cuenta regresiva, aparecen las “ideas geniales”. Esta vez, cortes de agua, reuniones sin agenda y una reparación del canal mayor que deja más preguntas que respuestas.
En Chinecas parece que cuando el calendario comienza a comerse los últimos meses de gestión, también se acelera la creatividad. Y no precisamente para resolver los viejos problemas del proyecto, sino para sacar de la galera reuniones, acuerdos y anuncios que, hasta hace poco, nadie parecía tener sobre la mesa.
La escena parece sacada de una tertulia cualquiera.
Funcionarios que se miran el rostro, preguntándose qué hacer antes de que termine la gestión y, de pronto, ¡zas!, aparece la idea: pedir cortes de agua en el canal mayor para ejecutar trabajos de reparación.
Hasta ahí, podría parecer una decisión técnica perfectamente razonable. El problema comienza cuando la forma de convocar a los protagonistas genera más dudas que certezas.
Invitación prácticamente de último minuto. Sin una agenda clara. Una llamada urgente para reunirse frente a una convocatoria que, aparentemente, no daba mayores detalles.

¿Y la agenda?
Bueno, la agenda estaba ahí: la cháchara.
Porque en Chinecas, aparentemente, primero se conversa y después se averigua qué se va a conversar.
¿Y los presidentes?
Aquí aparece otro detalle que no pasa desapercibido.
En la fotografía publicada por Chinecas en sus redes sociales, aparecen rostros sonrientes, saludos, gestos amicales y esa cordialidad que nunca falta cuando hay cámaras cerca.
Pero, según se observa en la propia imagen difundida, no aparecen los presidentes de las organizaciones de usuarios que deberían tener una participación central en una decisión que involucra cortes de agua.
Ni uno.
Y eso merece una explicación.
Porque si se habla de cortar el agua del canal mayor, no estamos hablando de organizar un campeonato de fulbito ni de escoger dónde será el almuerzo de confraternidad. Estamos hablando del recurso que sostiene la actividad agrícola y de una decisión que puede afectar directamente a miles de productores.
Entonces, la pregunta cae sola:
¿Dónde están los dirigentes que representan a los usuarios del agua?
La ausencia de Santa también llama la atención, especialmente porque en los últimos acontecimientos vinculados a Chinecas su participación parece haber perdido protagonismo.
Y mientras tanto, otros dirigentes sí aparecen raudos ante la invitación.

¿Será porque finalmente llegó el tractor prometido?
Ese famoso tractor que, hasta donde conoce el agricultor, sigue siendo más anunciado que visto trabajando en el campo.
Uno podría pensar que aquella oferta terminó funcionando como una especie de sedante institucional: mientras esperan el tractor, algunos dirigentes parecen dispuestos a escuchar casi cualquier convocatoria.
Sonrisas, almuerzos y reuniones que nadie recuerda
La fotografía de Chinecas muestra otra postal conocida: sonrisas, camaradería, miradas cómplices y funcionarios que parecen encontrarse más cómodos en la confraternidad que en la fiscalización.
Algo parecido se ha visto en Casma.
Almuerzos, reuniones, cordialidad.
Todo muy bonito.
Pero queda una pregunta sencilla:
¿Y los avances?
Porque se anunciaron reuniones mensuales para revisar precisamente eso: los avances.
¿Avances de qué?
Probablemente alguien tendrá la respuesta.
Y si no la tiene, quizá la tenga Salas.
Porque en Chinecas siempre parece haber un “avance” pendiente de explicar.

Y entonces llegó el acta
Pero la tertulia no terminó en la fotografía.
Llegó el acta.
Y con ella, el anuncio de un corte de agua de varios días y un periodo posterior de reposición, una medida que inevitablemente genera preocupación entre los agricultores.
Porque cuando se toca el canal mayor, no se juega con una tubería de jardín.
El agricultor necesita saber exactamente cuándo tendrá agua, cuánto tiempo estará interrumpido el servicio, cómo se garantizará la reposición y qué medidas se adoptarán para evitar perjuicios.
Y aquí aparece otro detalle que merece aclaración.
Primero se hablaba de cuatro días.
Después aparecen seis.
Luego siete.
Ocho.
Nueve.
Entonces el agricultor empieza a mirar al cielo, al canal y, probablemente, a buscar un balde.
“Achichín, salve quien pueda”.
Porque si la planificación cambia de número como quien cambia de camisa, la preocupación deja de ser política y pasa a ser estrictamente agrícola.
¿Y Krausen?
También queda flotando otro nombre que no debería perderse en la conversación: Krausen.
Hay asuntos que aparentemente se recuerdan cuando conviene y otros que desaparecen convenientemente de las actas.
La pregunta es simple:
¿Qué pasó con aquello?
Porque los agricultores tienen memoria. Y bastante mejor que algunos expedientes administrativos.
Chinecas final… ¿o Chinecas de nunca acabar?
Mientras todo esto ocurre, Chinecas continúa con una estructura institucional que parece resistirse a adelgazar.
Personal, oficinas, jefaturas y cargos que siguen ahí mientras el proyecto continúa acumulando pendientes.
Y aparece nuevamente OPEMAN.
¿Qué está haciendo exactamente?
¿Cuál es su papel en esta etapa?
¿Está saliendo al campo a verificar las condiciones reales del sistema hidráulico?
¿O seguimos administrando el agua desde el escritorio?
Porque reparar un canal desde una oficina es una cosa.
Verlo, caminarlo, encontrar la falla y responderle al agricultor es otra.
Y eso es justamente lo que el usuario del agua espera.
La foto que dice demasiado
Al final, queda una fotografía.
Chinecas la publicó probablemente como una imagen de trabajo, coordinación y entendimiento.
Pero las fotografías también hablan.
Y esta muestra sonrisas.
Mientras afuera hay agricultores preguntándose cuándo tendrán agua, cuánto durará el corte, cuándo se repondrá el servicio y qué garantía existe de que la reparación realmente solucionará el problema.

Por eso, más que una foto institucional, termina pareciendo una postal de una gestión que, en su tramo final, busca mostrar resultados.
La pregunta es si esos resultados existen en el canal o solamente en la fotografía.
Porque una cosa es anunciar.
Otra es ejecutar.
Y una tercera, bastante más difícil, es demostrar que se hizo bien.
En Chinecas, por ahora, parece que seguimos pasando de la tertulia a la improvisación.
Y el agricultor, como siempre, queda esperando.
Esperando el agua.
Esperando el tractor.
Esperando las obras.
Esperando las explicaciones.
Y esperando, sobre todo, que alguna vez una reunión de Chinecas empiece con algo más útil que una sonrisa.
Una agenda.



