Santa se despierta con una postal que nadie imaginó: técnicos y representantes de las Juntas de Usuarios de Chao, Virú y Moche, amparados en el todopoderoso proyecto Chavimochic, midiendo y controlando el agua en pleno territorio ancashino, en el sector San Bartolo. Lo que debería ser una tarea exclusiva del Proyecto Especial Chinecas terminó en manos de La Libertad, confirmando lo que veníamos alertando en Agricultura en Marcha: aquí, mientras unos pelean cada gota, otros se conforman con mirar.

Amílcare Gaita, en representación de las juntas liberteñas, ha demostrado ser un gladiador en estas mesas de trabajo del Plan de Aprovechamiento de Disponibilidad Hídrica (PAD), defendiendo con uñas y dientes los intereses de su región. Basta recordar la última reunión del 11 de agosto en la Autoridad Local de Agua, donde no dudó en cerrar, corregir y ajustar actas para garantizar el caudal de su gente. Esa es gestión con carácter, guste o no.
Lo paradójico es que, en Ancash, los dirigentes de la Junta de Usuarios de Santa, en vez de levantar la voz y exigir que Chinecas cumpla su rol, terminan aplaudiendo lo que hacen en La Libertad. Una muestra más de cómo se diluye la autoridad de una institución hoy llena de cuestionamientos, con dirigentes que parecen más admiradores que defensores de su propia tierra.

El colmo es que, ante la ausencia de Chinecas, los aforos se realicen con la venia de Chavimochic en canales y subsectores que nada tienen que ver con su jurisdicción. Lo del sector San Bartolo es la mejor prueba: agua de Santa, medida por técnicos liberteños. Una postal que retrata la desidia de Ancash y la viveza de La Libertad.
¿Quién defiende realmente el agua de Ancash? Porque si seguimos en esta lógica, no será extraño que mañana también nos quieran enseñar cómo sembrar, cosechar o hasta cómo reclamar lo que nos pertenece por derecho.
Aquí el mensaje es claro: mientras La Libertad actúa, Ancash calla. Y cuando uno calla, termina perdiendo incluso hasta el agua que pasa por sus propias venas.



