El exgerente de Seda Chimbote, ingeniero Rómulo Antúnez Antúnez, decidió hablar sin anestesia. Y cuando habla, no reparte flores, reparte verdades incómodas.
Antúnez sostiene que su salida se armó sobre mentiras, y que el tiempo le está dando la razón. “La Sunarp me da la razón”, remarca, señalando que se usó una sesión de directorio que no es válida, tal como él lo advirtió en su momento. Pero claro, advertir en este país es como hablarle a la pared… una pared con afiches políticos.
“Me da bronca mi salida”, confiesa. Y no es para menos. Explica que tuvo que gestionar cinco meses de incertidumbre en Seda Chimbote, un escenario donde no se puede proyectar nada serio. “Gestionas por semanas, por días”, dice. Aun así, recalca que varias cosas quedaron encaminadas, aunque pocos quieran reconocerlo.
El dardo más filudo apunta directo al Congreso. Antúnez cuenta que, mientras intentaba sostener una gestión técnica, tenía que pelear “a nivel exterior con una Nilza Chacón que más parece comerciante de político, de agua”. Una frase dura, sí, pero que grafica el hartazgo.
Lo que más le duele, asegura, es la falta de verdad hacia la gente. “Me da mucha pena no decirle la verdad a las grandes ciudades”, afirma, refiriéndose al llamado proyecto grande de agua para Chimbote, que según explica no madurará antes del 2033. Lo mismo ocurre con PTAR II, también proyectado recién para ese año.
Y entonces lanza la pregunta incómoda que nadie en el poder quiere responder:
“¿Qué les cuesta a nuestros congresistas decir la verdad a los ciudadanos?”
Pero no. Es más rentable la escena corta:
Una fotito, una cartita, un titular inflado y el clásico: “Ya solucioné el agua para Chimbote”.
Para Antúnez, eso es una gran mentira, sin matices.
En el mismo saco mete el “chiste de Valentín”, a quien acusa de buscar protagonismo vacío: páginas con títulos grandes, pero sin nada en el fondo. Mucho ruido, cero agua.
El exgerente cierra dejando claro que el problema no es técnico, es político. Y peor aún, es politiquero. Porque mientras unos venden humo en campaña, la realidad sigue seca.



