Por años, en las instituciones de usuarios de agua, el “borrón y cuenta nueva” ha sido presentado como un gesto de reconciliación. En la práctica, casi siempre ha funcionado como una alfombra amplia y cómoda donde se esconden deudas, irregularidades, manejos oscuros y silencios convenientes.
IRCHIM no es la excepción.
Y la nueva gestión empieza con una señal que, lejos de tranquilizar, despierta sospechas legítimas.
El nuevo presidente, el señor Ledesma, ha desplegado una intensa energía mediática. Discursos, promesas, llamados a la unidad, reflexiones sobre el clima y el futuro. Todo eso suena bien. Pero el problema es lo que no se dice. Porque en medio de tanta palabra, hay un silencio que retumba: la auditoría contable externa.
Aquí no se necesita un orador inspirado.
Se necesita un administrador responsable.
La preocupación no nace del aire. Nace de los hechos. El anterior presidente, quien manejó los fondos de la institución, hoy ocupa el cargo de secretario. Una rotación interna que, como mínimo, merece explicaciones. ¿Continuidad administrativa o continuidad de control? ¿Transparencia o simple reacomodo para que nada cambie?
Más grave aún es el trato desigual. Mientras al agricultor común se le exige pagar hasta el último céntimo para estar “hábil”, aparecen descuentos de intereses selectivos, perdones que no alcanzan a todos y padrones que nadie se apura en actualizar. Eso no es error administrativo. Eso es privilegio. Y el privilegio, en una institución de usuarios, rompe la confianza y erosiona la legalidad.
Conviene recordarlo sin rodeos:
el error también es delito.
La omisión también es delito.
Y el silencio, cuando hay indicios claros, se parece demasiado al encubrimiento.
Aceptar libros, cuentas y activos sin observar faltantes no es un acto de buena fe. Es asumir responsabilidad solidaria. La ley no distingue entre el que se fue y el que se quedó callado. Si nadie responde por lo ocurrido, el mensaje es claro y peligroso: aquí se puede hacer lo mismo otra vez.
IRCHIM no necesita discursos de unidad construidos sobre el olvido. Necesita una auditoría contable externa, independiente, sin vínculos con la gestión pasada ni con la actual. Necesita una asamblea general informada. Necesita dirigentes que entiendan que los honorarios no pueden ser prioridad cuando la casa está en duda.
Las cuentas claras no dividen.
Las cuentas claras ordenan.
Las cuentas claras mantienen la unión.
Si esta gestión quiere ser distinta, tiene una oportunidad histórica: firmar la auditoría, abrir los libros y poner la ley por encima de los nombres. Todo lo demás será solo más de lo mismo, dicho con voz nueva y traje planchado.
Y el agricultor, que ya ha visto demasiadas veces esta película, no está dispuesto a aplaudir otro final conocido.



