La fundadora de la empresa agroexportadora y de servicios Kiarita no habla desde la teoría. Habla desde el campo. Desde el desierto que un día fue solo arena y hoy es productividad.
“Feliz, contenta, porque en el Perú la agricultura se ha puesto de moda y estamos número uno en arándanos, número uno en uva de mesa, número dos en mango y palta. Y seguimos creciendo cada día más”, expresó con orgullo Patricia Vega Jimenez.
Mientras el país lidera rankings internacionales en agroexportación, en el valle de La Carbonera se escribe otra historia de esfuerzo silencioso. Allí, donde antes no había servicios básicos ni carretera, hoy se produce higo orgánico de calidad internacional.
De desierto a valle pujante
La Carbonera se ha convertido en un valle dinámico gracias a su gente. Agricultores que soñaron cuando solo había piedras y arena. Productores que apostaron sin garantías y que hoy ven su fruta llegar a mercados del mundo.
Kiarita forma parte de esa transformación. Su producción de higo orgánico no solo cumple estándares internacionales, también representa una apuesta por la agricultura sostenible y responsable.
“Nuestra fruta se banderea en todos los mercados del mundo”, afirma, con la convicción de quien sabe lo que costó llegar ahí.
Agricultura que avanza pese a la falta de apoyo
La empresaria también fue clara al señalar que el Estado debe asumir un rol más activo. En otros países como Ecuador, el apoyo a la agricultura es una política estratégica. En el Perú, asegura, el crecimiento se ha logrado principalmente por la constancia y resiliencia de los productores.
“Aquí somos renaces, constantes”, sostiene.
Más allá de las cifras de exportación, esta historia refleja algo más profundo: el poder del trabajo organizado, la visión empresarial y la agricultura orgánica como camino hacia la competitividad global.
La Carbonera ya no es solo un valle agrícola. Es símbolo de transformación. Y el higo de Kiarita es prueba de que cuando el campo peruano apuesta por calidad, el mundo responde.



