Antes de que la naturaleza vuelva a poner a prueba la infraestructura hidráulica del norte del país, dos regiones muestran realidades completamente opuestas. Mientras el Gobierno Regional de La Libertad y el Proyecto Especial Chavimochic ejecutan acciones preventivas para garantizar el abastecimiento de agua a la población de Trujillo y al pujante sector agroexportador, en Áncash persiste la preocupación por la falta de decisiones concretas para proteger la infraestructura de riego y reducir los riesgos que enfrentan miles de agricultores.
La diferencia no solo radica en la inversión, sino también en la visión de gestión. En La Libertad se ha entendido que prevenir es menos costoso que reconstruir. Por ello, se desarrollan trabajos orientados a fortalecer la infraestructura hidráulica, anticipándose a la posible llegada de un nuevo fenómeno de El Niño Costero y buscando asegurar la continuidad del servicio de agua tanto para el consumo humano como para la producción agrícola.
En contraste, en Chimbote, Nuevo Chimbote y los valles agrícolas de Áncash, continúan las interrogantes sobre el papel de las autoridades regionales y de los responsables del Proyecto Especial Chinecas. Agricultores y organizaciones de usuarios observan con preocupación que numerosos canales de riego permanecen deteriorados o sin recibir el mantenimiento necesario, incrementando la vulnerabilidad del sistema hidráulico frente a lluvias intensas o huaicos.
La situación genera especial preocupación porque la infraestructura mayor de riego constituye la columna vertebral del desarrollo agrícola regional. Un colapso de canales o bocatomas afectaría no solo a los productores del campo, sino también al abastecimiento de agua y a la economía de toda la región.
Diversos sectores agrarios consideran que ha llegado el momento de dejar de lado las diferencias políticas y priorizar una agenda de prevención. Exigen que el Gobierno Regional de Áncash, el Proyecto Especial Chinecas, las juntas de usuarios, los gobiernos locales y las entidades competentes articulen esfuerzos para ejecutar obras de mantenimiento, rehabilitación y protección de la infraestructura hidráulica antes de que ocurra una nueva emergencia.
La experiencia demuestra que esperar a que ocurra un desastre para recién intervenir significa mayores pérdidas económicas y sociales. La prevención debe convertirse en una política permanente y no en una reacción tardía ante los efectos de la naturaleza.
Mientras La Libertad apuesta por la planificación y la gestión del riesgo, en Áncash crece la expectativa de que las autoridades asuman con responsabilidad la defensa del recurso hídrico y del sector agrario. El tiempo para actuar aún existe, pero cada día de inacción aumenta la vulnerabilidad de miles de familias que dependen del agua para producir alimentos y sostener la economía regional. Porque la naturaleza no distingue entre regiones, pero sí evidencia cuáles estuvieron preparadas y cuáles decidieron esperar.



