En la sede de la Junta de Usuarios Irchim la imagen es desoladora: un verdadero cementerio de motocicletas arrumadas, una retroexcavadora que apenas fue encendida una sola vez durante toda la gestión y una abocat que terminó malograda sin llegar a cumplir su función. La infraestructura y logística, pilares clave para el servicio a los agricultores, parecen haber quedado relegadas a un segundo plano.
Este es el panorama que heredará la próxima directiva, a elegirse entre 614 usuarios hábiles de un universo total de 3,000 agricultores. La nueva gestión deberá asumir no solo la representación de sus bases, sino además la pesada carga de una organización que necesitará someterse a una urgente reingeniería económica y administrativa si busca sostenerse en el tiempo.
La gestión saliente parece haber priorizado únicamente la subsistencia de la parte operativa de la Junta y sus comisiones de regantes, sin dar valor real a los recursos logísticos. El escenario no es alentador y abre el debate sobre la necesidad de replantear la administración para evitar que la infraestructura siga convirtiéndose en chatarra.






