De un momento a otro han brotado por todos lados las publicaciones anunciando con bombos, platillos y cucharita de postre la presentación de la XXVI Feria Internacional de la Ciruela de Virú. Que habrá productos derivados de la ciruela, gastronomía, bailes, artesanía y hasta exposición este lunes en el Vivero Forestal de Chimbote. Todo muy bonito, muy elegante, muy morado. Casi faltaba declarar feriado regional para que la gente salga abrazando una ciruela por la plaza.
Y uno se pregunta, con la inocencia que todavía le queda después de tantos años viendo autoridades: ¿Virú queda en Áncash o ya nos mudaron de región y nadie avisó? Porque la feria es de La Libertad, y aquí los medios, felices de la vida, la promocionan con una emoción que ni cuando hay lanzamiento de cosecha de mango en La Carbonera, de palta en el valle o de maracuyá en Santa.
Hace poco fue el séptimo lanzamiento de la cosecha de mango en La Carbonera. Un cultivo que crece, que genera trabajo, que tiene futuro. Pero terminó saliendo casi como si fuera producción de Casma. Gracias, por supuesto, a esa habilidad casi artística del gobernador regional Koki Noriega para mirar al campo y no ver nada. Un talento raro. Como esos magos que desaparecen cosas, pero él desaparece oportunidades.
Cinco años han pasado viendo lanzamientos de la feria de la ciruela en Chimbote y nadie se ha detenido un segundo a preguntarse: ¿y nosotros qué? ¿Qué pasa con nuestras ferias? ¿Con la palta, el mango, la maracuyá, el limón, el ají, los productos del valle Santa-Lacramarca? Si tuviéramos un poquito de amor propio regional, ya tendríamos la Feria de la Palta, el Festival del Mango, la Ruta de la Maracuyá y hasta el Día Mundial del Agricultor que Sobrevive Sin Apoyo. Porque material sobra. Lo que falta es voluntad. Y neuronas en ciertas oficinas públicas.
Pero desde la Municipalidad Provincial del Santa, silencio absoluto. Cero intención. El Vivero Forestal sirve para presentar ferias de otros, pero no para impulsar lo nuestro. Extraño fenómeno. Para Virú hay local, difusión, entusiasmo y alfombra roja. Para los agricultores del Santa, Sedir Moro y Lacramarca, ni una silla plástica bajo la sombra. Quizá porque los números que deja Virú son bastante dulces. Tan dulces como la ciruela. Y aquí a nuestros productores les cobran cifras estratosféricas por cualquier difusión, como si estuvieran vendiendo oro y no una caja de mango.
Mientras tanto, Santa y la provincia siguen mirando hacia el mar, como si el campo fuera una leyenda urbana. Las autoridades hablan de pesca, puerto, rompeolas y gaviotas, mientras a unos kilómetros hay agricultores sacando adelante el valle solos, sin municipalidad, sin región y casi sin que nadie los mire.
La única institución que parece sacar la cara por el agro es Sedir Moro. Los demás, bien gracias. Ocupados quizá eligiendo qué ciruela probar primero.
Y entonces queda una pregunta flotando en el aire, dulce, pegajosa y ligeramente venenosa: ¿Chinecas dirá algo? ¿Elevará un pronunciamiento por semejante afrenta? Porque una cosa es que La Libertad promocione su ciruela, lo cual está perfecto, cada quien vende lo suyo. Pero otra es que nosotros pongamos el escenario, el micrófono, las luces y hasta los aplausos… mientras nuestra palta, nuestro mango y nuestra maracuyá siguen esperando en la puerta, como invitados que nunca entran a la fiesta.
En fin. La entrada es gratis. Vayan, prueben la ciruela, endulcen el paladar, salgan bien enmielados. Provecho. Les deseo el doble. Nosotros seguiremos esperando el día en que a alguien se le ocurra promocionar Áncash en Áncash. Tremenda idea revolucionaria.





