La salud en Áncash no está para chequeo de rutina, sino casi para cuidados intensivos. Este lunes, desde las 8:00 de la mañana, los médicos del Hospital Regional Eleazar Guzmán Barrón realizarán una protesta de “brazos caídos”, dejando en pausa la atención en consultorios externos.
¿El motivo? No es un misterio ni un diagnóstico complicado: falta de equipos y un proyecto que, aunque tiene presupuesto y papeles en regla, sigue esperando turno como paciente olvidado en sala.
El reclamo apunta directamente a la gestión del Gobierno Regional, encabezado por Koki Noriega, a quien los médicos piden acelerar la ejecución del IOARR destinado a mejorar áreas clave del hospital. Porque sí, el expediente existe, el dinero también… lo que no aparece es la ejecución.
Mientras tanto, la realidad dentro del hospital no es precisamente alentadora. Según el presidente del Cuerpo Médico, Leandro Pérez Rodríguez, la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales apenas cuenta con dos cunas térmicas, y la UCI ha pasado de 33 a solo 7 camas operativas. Una reducción que no necesita mucha interpretación: hay menos capacidad para atender casos críticos.
El proyecto en cuestión contempla mejorar servicios esenciales como emergencia, centro quirúrgico y unidades de cuidados intensivos, con una inversión de 10 millones de soles anunciada en 2024. Sobre el papel suena bien. En la práctica, sigue en modo espera.
La medida de protesta busca llamar la atención de las autoridades, pero también pone sobre la mesa una preocupación inevitable: los pacientes. Porque cuando el sistema se detiene, aunque sea parcialmente, los más afectados no son los funcionarios ni los médicos, sino quienes llegan buscando atención.
Por ahora, la situación queda en ese incómodo punto donde todos tienen razón… pero nadie resuelve. Y mientras tanto, el hospital sigue funcionando con más voluntad que recursos. Un clásico que, lamentablemente, ya no sorprende a nadie.




